Refinar o importar: el número que explica por qué Uruguay necesita su refinería.
Refinar o importar: el número que explica por qué Uruguay necesita su refinería.
Cada día sin refinar le cuesta a ANCAP unos USD 450.000. El dato pone en perspectiva un debate que suele simplificarse y rara vez se aborda desde la economía real.
Por LA ESTACIÓN Uruguay
Cada vez que la refinería se detiene, reaparece una discusión conocida: si conviene importar combustibles terminados o producirlos localmente. Sin embargo, pocas veces el debate se apoya en cifras concretas. Esta vez, el número fue contundente la presidenta de ANCAP, Cecilia San Román señaló a LA ESTACIÓN Uruguay que por cada día que Uruguay no refina, el ente pierde alrededor de USD 450.000 de margen.
No se trata solo de un costo operativo. Es la diferencia entre ser un país refinador o limitarse a importar un producto terminado, resignando valor agregado, empleo y derrame económico.
EL MARGEN QUE SE PIERDE CUANDO SE IMPORTA
Desde el punto de vista industrial, la ecuación es clara. Refinar genera un margen propio de la actividad productiva; importar, en cambio, implica pagar un combustible más caro y renunciar a ese ingreso. A eso se suma la exposición total a los precios internacionales de los derivados, sin amortiguación productiva local.
Cuando la refinería está fuera de operación, ANCAP no solo compra combustibles en el exterior: deja de capturar el valor de transformar crudo en productos terminados.
MUCHO MÁS QUE NUMEROS
El impacto no termina en el balance del ente. Como explicó San Román, a nuestro medio, ANCAP es una de las industrias con mayor efecto multiplicador de la economía uruguaya. Metalurgia, ingeniería, mantenimiento, logística, servicios especializados y empleo calificado dependen, directa o indirectamente, de la actividad de la refinería.
Por eso, cuando se analiza el desempeño económico del país, muchas veces se mide “Uruguay sin ANCAP”. El peso del ente es tal que distorsiona cualquier comparación macroeconómica.
REFINAR ES SOBERANÍA PRODUCTIVA
Importar combustible puede parecer una solución simple en el corto plazo, pero implica resignar soberanía productiva. Producir localmente no solo genera riqueza, sino que sostiene capacidades técnicas, conocimiento acumulado y empleo calificado que no se recuperan fácilmente una vez perdidos.
En un contexto de transición energética, este punto cobra aún más relevancia: ningún país sustituye de un día para otro su matriz energética, y durante décadas seguirá necesitando combustibles líquidos.
EL DATO QUE ORDENA EL DEBATE
USD 450.000 por día es el número que pone las cosas en su lugar. No es ideología, no es relato, no es nostalgia industrial. Es economía pura.
Mientras Uruguay consuma combustibles, ser un país refinador seguirá siendo una decisión estratégica, no solo para ANCAP, sino para toda la economía nacional.