Por LA ESTACIÓN Uruguay
América Latina comienza a ocupar un lugar distinto en el tablero energético internacional. Ya no solamente como región proveedora de petróleo, gas o biocombustibles, sino como actor político con capacidad de incidir en la agenda global de transición energética.
Esa señal quedará expuesta a fines de abril en Santa Marta, Colombia, donde se desarrollará una conferencia internacional impulsada por el gobierno colombiano y los Países Bajos, con participación de representantes de 85 países, para avanzar en una hoja de ruta orientada a la reducción gradual de la dependencia mundial de los combustibles fósiles.
Contexto volátil de mercado petrolero
El encuentro adquiere especial relevancia en un contexto internacional marcado por la volatilidad del mercado petrolero, donde las tensiones geopolíticas en Medio Oriente vuelven a presionar al alza las cotizaciones del crudo. Frente a ese escenario, América Latina aparece con una ventaja estratégica: transformar una crisis externa en oportunidad de desarrollo regional.
La región ya dispone de una base energética diferencial. Según datos de organismos internacionales, cerca del 69% de la generación eléctrica latinoamericana proviene de fuentes renovables, una proporción muy superior al promedio mundial. Ese posicionamiento coloca a países como Uruguay, Brasil, Chile y Colombia en una posición privilegiada para captar inversiones vinculadas a hidrógeno verde, electromovilidad, almacenamiento energético y combustibles sintéticos.
El desafío: transporte pesado
Para Uruguay, el mensaje también tiene implicancias directas. El país ha consolidado una matriz eléctrica renovable ejemplar, pero enfrenta ahora el desafío de trasladar esa fortaleza hacia sectores donde aún predomina la dependencia fósil, como el transporte pesado, la logística y parte de la industria. La nueva etapa ya no pasa solo por generar energía limpia, sino por industrializarla y convertirla en valor exportable.
Santa Marta podría marcar, en ese sentido, un punto de inflexión regional. Mientras otras economías siguen atrapadas en la incertidumbre del petróleo, América Latina empieza a diseñar una estrategia propia: reducir vulnerabilidad frente al crudo importado y posicionarse como plataforma mundial de energía limpia.
En medio de una crisis petrolera global que amenaza con encarecer combustibles y tensionar economías dependientes, la región parece haber encontrado una oportunidad histórica: transformar su ventaja renovable en liderazgo energético.