Poder Ejecutivo observa con cautela si esta alzada constituye un episodio puntual o si se trata del inicio de una tendencia más prolongada
Por LA ESTACIÓN Uruguay
El mercado petrolero internacional volvió a mostrar señales de tensión en los primeros días de marzo, con una suba significativa del precio del crudo que vuelve a colocar la incertidumbre sobre la mesa, especialmente para países como Uruguay, importadores netos de petróleo y tomadores de precios.
Si bien desde ámbitos oficiales se relativizó la situación señalando que los mercados de referencia utilizados para fijar los precios de los refinados en Uruguay no son los directamente involucrados en el actual conflicto geopolítico, lo cierto es que la evolución del petróleo se sigue con la cautela necesaria, observando si este movimiento constituye un episodio puntual o si se trata del inicio de una tendencia más prolongada.
Cesta de OPEC
En ese contexto, la cesta de crudos de la OPEC llegó a registrar valores cercanos a 96 dólares por barril, mientras que el promedio de marzo se ubica hasta ahora en torno a 85 dólares, claramente por encima de los aproximadamente 70 dólares que marcó febrero.
Si se toma el cierre de febrero en torno a los 70 dólares frente a los 96 dólares registrados ayer, la diferencia alcanza los 26 dólares por barril, lo que representa una suba cercana al 37%.
Tensiones geopolíticas
Aun cuando ese salto del 37% en el precio del petróleo no se traslada automáticamente al surtidor, un barril que pasa de 70 a 96 dólares genera inevitablemente una presión potencial sobre el costo de la nafta y el gasoil en los futuros cálculos de paridad de importación (PPI) que elabora la URSEA.
Este tipo de movimientos suele estar asociado a tensiones geopolíticas o a señales de riesgo sobre el suministro global de petróleo, factores que históricamente generan reacciones inmediatas en los mercados energéticos.
Para los países productores, una suba del petróleo puede traducirse en mayores ingresos por exportaciones. Para economías importadoras como Uruguay ocurre exactamente lo contrario: el encarecimiento del barril termina presionando el costo de los combustibles y de toda la cadena logística vinculada a la energía.
El PPI
En el caso uruguayo, el precio internacional del petróleo es una de las variables centrales que alimenta el cálculo de la paridad de importación, el indicador que estima cuánto costaría abastecer el mercado local si los combustibles se adquirieran directamente en el exterior.
Ese cálculo técnico sirve como referencia para la definición de los precios de los combustibles en el mercado interno.
Más allá de los mecanismos regulatorios diseñados para amortiguar movimientos bruscos, lo cierto es que el comportamiento del petróleo continúa marcando el pulso del sistema energético global.
Los commodities se mueven
Cuando el barril se mueve con fuerza, se mueven también los commodities energéticos y con ellos todas las actividades dependientes de los combustibles.
Y en un país como Uruguay —sin producción propia de crudo y altamente dependiente de las importaciones— cada salto del petróleo vuelve a instalar la misma pregunta: cuánto tiempo pasará hasta que los movimientos del mercado internacional comiencen a sentirse en el surtidor.