Por LA ESTACIÓN América
La transición energética en América Latina está comenzando a mostrar una característica particular: en lugar de abandonar las refinerías tradicionales, varios países están optando por transformarlas para producir combustibles de menor huella de carbono.
En distintos puntos de la región, refinerías que históricamente procesaron petróleo crudo están incorporando tecnologías de coprocesamiento, un sistema que permite introducir materias primas renovables —como aceites vegetales, grasas animales o residuos orgánicos— dentro de las mismas unidades industriales donde se refinan los combustibles fósiles.
Reducir emisiones de C02
El resultado son los llamados biocombustibles avanzados, productos que pueden mezclarse con nafta, gasoil o combustible de aviación y que reducen significativamente las emisiones de carbono respecto a los combustibles tradicionales.
La ventaja del modelo es clara: permite aprovechar instalaciones industriales que ya existen, evitando inversiones multimillonarias en nuevas plantas.
Brasil lidera el proceso
El país más avanzado en este camino es Brasil, donde Petrobras y varias compañías privadas han comenzado a adaptar unidades de refinería para producir diésel renovable mediante coprocesamiento.
El sistema consiste en incorporar aceites vegetales o materias primas biológicas dentro de unidades de hidrotratamiento que originalmente se utilizaban para eliminar azufre del diésel.
De esta manera, las refinerías pueden generar diésel renovable o combustibles de menor intensidad de carbono utilizando prácticamente la misma infraestructura industrial.
México y el Caribe también avanzan
México y algunos países del Caribe están siguiendo una estrategia similar.
Varias refinerías están evaluando proyectos para producir combustibles sostenibles de aviación (SAF), uno de los productos con mayor crecimiento proyectado en la transición energética global.
El SAF se obtiene combinando hidrógeno con aceites vegetales o residuos orgánicos, generando un combustible compatible con los motores actuales de aviación.
Presiones regulatorias
Las aerolíneas internacionales enfrentan presiones regulatorias —especialmente en Europa— para aumentar progresivamente el uso de estos combustibles.
La estrategia regional muestra que el sector energético está comenzando a transitar una transición gradual, en la que los combustibles renovables se integran al sistema existente en lugar de sustituirlo de forma abrupta.
Esto permite mantener operativas las refinerías, preservar empleos industriales y, al mismo tiempo, reducir progresivamente la huella de carbono de los combustibles.
En ese escenario, América Latina aparece con ventajas competitivas importantes: disponibilidad de biomasa, gran producción agrícola y un sector energético acostumbrado a trabajar con biocombustibles, especialmente en países como Brasil, Argentina o Colombia.
¿Qué implica para países como Uruguay?
Aunque Uruguay no cuenta con grandes refinerías comparables con las de Brasil o México, el concepto de coprocesamiento y combustibles renovables empieza a aparecer cada vez más en las discusiones sobre el futuro de la refinación en la región.
El desarrollo de combustibles sostenibles —desde biocombustibles hasta hidrógeno o e-fuels— está empujando a las refinerías a repensar su rol dentro del sistema energético.
¿Refinería o plataforma industrial?
La refinería ya no es vista únicamente como una planta para procesar petróleo, sino como una plataforma industrial capaz de producir diferentes tipos de combustibles líquidos.
En ese contexto, el futuro de la refinación en América Latina podría no estar en abandonar el petróleo de forma inmediata, sino en transformarlo progresivamente hacia una matriz más diversa.