Advierten sobre estafa a través de Facebook, que usaba el combustible como anzuelo
Advierten sobre estafa a través de Facebook, que usaba el combustible como anzuelo
Por LA ESTACIÓN Uruguay
Durante años, las estafas digitales llegaban disfrazadas de llamadas sospechosas o mensajes de WhatsApp mal redactados. Hoy el escenario cambió. Los engaños ya no entran por la puerta trasera de internet: aparecen directamente en las redes sociales, con estética profesional, logos oficiales y una credibilidad cuidadosamente construida.
El reciente caso denunciado por un sanducero al diario EL TELÉGRAFO de ese departamento, que estuvo a punto de ser víctima de una maniobra fraudulenta tras hacer clic en una publicidad de Facebook que ofrecía un supuesto 35% de descuento en combustibles en estaciones Ancap (nafta Super a 50 pesos) utilizando tarjetas del Banco República, vuelve a encender una señal de alerta que trasciende un episodio individual.
Imitación perfecta para beneficios increíbles
El aviso, publicado en Facebook, según relató el propio afectado, imitaba con precisión la identidad visual institucional y ofrecía un beneficio creíble en un contexto donde los descuentos y promociones vinculados a combustibles forman parte habitual del mercado.
Ese detalle explica gran parte del éxito de estas maniobras. Los ciberdelincuentes ya no inventan ofertas absurdas; replican promociones plausibles.
Según se informó, una vez que el usuario clickeó en la publicación, el usuario fue redirigido a una página que simulaba la aplicación bancaria oficial y solicitaba datos personales, contraseña y validación mediante llave digital. El mecanismo estaba diseñado para capturar credenciales reales y habilitar accesos remotos a cuentas bancarias.
No se concretó
La operación no se concretó gracias a los sistemas de seguridad del banco, que detectaron un ingreso desde un entorno inusual y bloquearon preventivamente la cuenta antes de que se realizara una transferencia. Pero el episodio deja una enseñanza más amplia: la sofisticación de las estafas crece al mismo ritmo que la confianza digital de los usuarios.
No es casual. Se trata de un producto de consumo masivo, con precios altos y permanente sensibilidad pública. Un descuento del 35% resulta lo suficientemente atractivo como para despertar interés, pero no tan exagerado como para generar sospecha inmediata.
Ahí reside la nueva lógica del fraude digital: parecer realista.
Problema cultural
El problema ya no es únicamente tecnológico, sino cultural. Existe una percepción extendida de que la publicidad visible en redes sociales cuenta con algún tipo de validación previa. Sin embargo, las plataformas funcionan bajo sistemas automatizados donde los anuncios pueden replicar marcas, logos e identidades institucionales antes de ser detectados y eliminados.
En otras palabras, que algo aparezca como publicidad no significa que sea seguro.
Un segundo de distracción
El episodio también revela otro cambio relevante: las estafas actuales no buscan necesariamente convencer durante minutos o mediante ingeniería psicológica compleja. Basta un clic y unos segundos de distracción para comprometer información sensible.
El caso del sanducero difundido por el matutino de ese departamento, terminó sin pérdidas económicas, pero funciona como advertencia temprana. Las estafas digitales ya no llegan disfrazadas de desconocidos; ahora se presentan con apariencia institucional y dentro de entornos cotidianos.