El Gas Oil es el combustible de mayor impacto, cuya importante suba se estima sería un hecho al corto plazo
Por LA ESTACIÓN Uruguay
La guerra entre Irán e Israel, provocó una disrupción inédita en el mercado petrolero internacional. En los primeros días del conflicto, cerca del 20% del suministro mundial quedó fuera de circulación, una magnitud que no registra antecedentes en la historia reciente del sector.
El foco de la crisis está en el Golfo Pérsico y, particularmente, en el Estrecho de Ormuz, por donde transita una parte sustancial del comercio global de crudo y combustibles refinados.
Su interrupción parcial alteró de forma inmediata los flujos logísticos y dejó sin abastecimiento a mercados clave de Europa y Asia.
15 millones menos de barriles
De acuerdo a estimaciones publicadas por la firma Bloomberg, el volumen afectado alcanza unos 15 millones de barriles diarios de exportación, lo que explica la rápida reacción de los precios en los mercados internacionales.
A diferencia de crisis anteriores, el sistema energético global enfrenta hoy una limitación estructural: los países que tradicionalmente actuaban como “válvula de alivio” también están comprometidos en la zona del conflicto. Esto reduce la capacidad de compensar la caída de oferta y aumenta la sensibilidad del mercado a cualquier interrupción prolongada.
Barril entre 150 y y 200 dólares
En este contexto, el ajuste se traslada directamente a los precios. Las proyecciones de Bloomberg ubican el barril en torno a los US$150 en el corto plazo, con escenarios extremos que no descartan niveles cercanos a los US$200 durante 2026, dependiendo de la duración del conflicto y la reapertura de las rutas marítimas.
El impacto no se limita al crudo. El mercado de combustibles refinados, en particular el diésel, aparece como uno de los segmentos más vulnerables. Europa, por ejemplo, dependía del Golfo para una proporción significativa de su abastecimiento, lo que ahora obliga a redirigir la demanda hacia otras regiones, intensificando la competencia por los volúmenes disponibles, un escenario inmejorable para los especuladores del negocio del crudo.
América Latina espera
Para América Latina, el nuevo escenario implica una doble presión. Por un lado, aumenta el interés internacional por crudo y derivados de la región. Por otro, se trasladan las subas a los precios internos, con impacto en inflación, costos logísticos y actividad productiva.
En Uruguay, la situación incide directamente sobre la paramétrica de los combustibles y reabre la dinámica de precios en frontera. Las diferencias con países vecinos pueden ampliarse, generando efectos tanto en la demanda como en la operativa de las estaciones de servicio.
El mercado petrolero ingresa así en una fase de alta incertidumbre, donde la evolución de los precios dependerá menos de factores económicos tradicionales y más del desarrollo del conflicto y su impacto sobre la infraestructura energética global.