Por LA ESTACIÓN Uruguay
Además de los proyectos de HIF Global, la iniciativa de la estadounidense Syzygy Plasmonics, para generar combustibles de aviación sostenibles en Durazno (ver nota aparte) o la participación de ALUR en el tema biocombustibles, otra área no tan “rimbombante” comenzó a mostrar en Uruguay su faceta comercial: los residuos sólidos y el biogás transformado en combustibles y energía, un paso clave para avanzar en economía circular y reducir la dependencia de los combustibles fósiles.
Aunque aún no existe una planta comercial operativa que convierta “basura urbana” directamente en combustibles vehiculares, sí hay proyectos, estudios y acuerdos estratégicos que van en esa dirección.
Proyectos y propuestas en marcha
Una de las iniciativas más ambiciosas y avanzadas a nivel técnico es la planta NovaSAF 1, que –como se detalló en nota aparte- se construirá en Durazno para convertir biogás —producido a partir de residuos orgánicos— en combustible de aviación sostenible (SAF) mediante tecnología avanzada. Esta planta, liderada por Syzygy Plasmonics y equipada con tecnología Fischer-Tropsch modular, podría comenzar operaciones en 2027, marcando un hito en la región.
Además, existen acuerdos internacionales importantes que implican avances en la producción de combustibles sostenibles en Uruguay. Un caso destacado es el memorándum firmado entre HIF Global y el Gobierno uruguayo, para desarrollar una instalación industrial en Paysandú que producirá e-Fuels a partir de hidrógeno verde y CO₂ reciclado proveído por ALUR, con un volumen proyectado de hasta 880.000 toneladas anuales.
Este proyecto, si se materializa plenamente, sería una de las inversiones más grandes en combustibles sintéticos verdes en la región.
Proyectos de economía circular desde los residuos
Más cerca de una transformación del “residuo urbano” en energía tangible, hay proyectos público-privados que avanzan en valorización energética de residuos sólidos urbanos:
En Maldonado se construye una planta de residuos moderna que incorpora tecnologías de clasificación, valorización y conversión de parte de los residuos en combustible líquido a través de pirólisis de plásticos, así como generación de energía con biogás y torrefacción de fracción orgánica.
En años anteriores, el Gobierno recibió una propuesta para producir bio-metanol a partir de residuos orgánicos de Montevideo y Canelones, con inversión prevista entre U$S 150 y U$S 200 millones para convertir hasta el 50% de esos residuos en combustible de transición ecológica.
Estos desarrollos reflejan que en Uruguay hay interés real tanto gubernamental como del sector privado en aprovechar residuos no sólo para energía eléctrica, sino también para combustibles líquidos o gaseosos más avanzados.
¿Qué implicaría “basura a combustible”?
La experiencia internacional lo demuestra: se trata de tecnologías maduras o en rápida adopción como la pirólisis, gasificación, biogás purificado (biometano) y síntesis Fischer-Tropsch, que pueden transformar residuos orgánicos, plásticos no reciclables y otros desechos en combustibles líquidos o gaseosos compatibles con motores existentes.
Adoptar estas soluciones en Uruguay significaría. reducir la cantidad de residuos en vertederos y su impacto ambiental, generar combustibles más limpios y reducir las importaciones de combustibles fósiles y fomentar empleos verdes y nuevas industrias tecnológicas en el sector energético.
Lo que queda por delante
A pesar de las señales prometedoras, todavía faltan varios pasos importantes como por ejemplo un marco regulatorio claro que permita la producción y comercialización de combustibles derivados de residuos o incentivos fiscales y financieros del gobierno para atraer inversiones privadas.