Por LA ESTACIÓN Uruguay
La nueva escalada de tensión en el Golfo Pérsico reabrió una verdad incómoda para América Latina: aunque la región exhibe una de las matrices eléctricas más limpias del planeta -con Uruguay encabezando ese ranking- el continente continúa siendo altamente vulnerable a los sobresaltos del petróleo.
Según OLADE, el crudo sigue siendo el principal canal de transmisión de las crisis geopolíticas hacia las economías latinoamericanas, especialmente por su peso dominante en transporte, logística e industria, sectores donde los combustibles líquidos todavía no tienen reemplazo masivo.
Impacto heterogéneo
El organismo regional confirmó que el impacto no es homogéneo. Para los países importadores netos de combustibles, un barril en alza significa inflación, deterioro de la balanza comercial y mayores presiones fiscales por subsidios. En cambio, los exportadores pueden obtener alivio temporal por mayores ingresos externos, aunque comparten el mismo riesgo estructural: quedar expuestos a una volatilidad que no controlan.
El dato central es paradójico. América Latina genera cerca del 70 por ciento de su electricidad a partir de fuentes renovables —principalmente hidroelectricidad—, una cifra que la coloca en ventaja frente a otras regiones. Sin embargo, esa fortaleza no alcanza para blindar sus economías, porque el transporte terrestre, aéreo, marítimo y buena parte de la actividad industrial siguen dependiendo del petróleo.
Shock petrolero, directo a los combustibles
Para Uruguay, esta lectura tiene implicancias directas. Cada shock petrolero internacional termina filtrándose al precio de referencia de combustibles refinados que luego alimentan el cálculo del PPI, afectando decisiones tarifarias internas. En otras palabras: aunque Uruguay avance en electrificación y renovables, mientras el parque automotor y la logística sigan atados al gasoil y las naftas, la exposición persiste.
OLADE advirtió que la seguridad energética futura dependerá de acelerar tres frentes simultáneos: electrificación del transporte, expansión de biocombustibles sostenibles y desarrollo de hidrógeno de bajas emisiones. Allí es donde proyectos como el hidrógeno verde, los combustibles sintéticos y la electromovilidad dejan de ser innovación para convertirse en estrategia defensiva.
Integración energética regional
El organismo también puso énfasis en otro punto clave: la integración energética regional. Interconexiones eléctricas, planificación conjunta y armonización regulatoria aparecen como herramientas indispensables para amortiguar crisis externas en un escenario internacional cada vez más inestable.
La conclusión que deja OLADE es clara: los altos precios del petróleo pueden dar oxígeno fiscal momentáneo a algunos países, pero también recuerdan que la verdadera competitividad futura no estará en producir más hidrocarburos, sino en depender menos de ellos.