Beneficios en patentes de autos eléctricos “¿Hay usuarios de primera y de segunda?
Reclaman: “¿Por qué bonificar la patente si esos autos usan las mismas calles, los mismos puentes y los mismos servicios que los vehículos a nafta?”
Beneficios en patentes de autos eléctricos “¿Hay usuarios de primera y de segunda?
Reclaman: “¿Por qué bonificar la patente si esos autos usan las mismas calles, los mismos puentes y los mismos servicios que los vehículos a nafta?”
Pagan solo el 3% del valor de tasación
Por LA ESTACIÓN Uruguay
El debate sobre la exoneración de la patente de rodados para los vehículos eléctricos volvió a instalarse en la agenda pública, aunque con una aclaración clave: la exoneración total ya no está vigente como política general. Lo que rige hoy en Uruguay es un régimen tributario diferencial, bastante más favorable que el de los vehículos a combustión.
En una etapa inicial, la exoneración plena de patente fue una herramienta decisiva para introducir el vehículo eléctrico en un mercado históricamente dominado por los combustibles fósiles. Ese incentivo cumplió su objetivo: el parque creció, la oferta se diversificó y la tecnología dejó de ser marginal.
Tasas muy bajas por patente
Con el mercado ya en marcha, el esquema cambió. Actualmente, los autos eléctricos pagan patente, aunque bajo tasas muy bajas definidas en el ámbito del Congreso de Intendentes y aplicadas por las intendencias. Ya no se trata de una exoneración, sino de un trato preferencial frente a los vehículos tradicionales.
El argumento oficial es conocido: los incentivos deben acompañar el desarrollo tecnológico, pero no transformarse en beneficios permanentes que erosionen la recaudación departamental. La patente de rodados es una fuente central de ingresos para los gobiernos locales y, a medida que el parque eléctrico gana participación, la exoneración total comienza a ser vista como fiscalmente insostenible.
Ventajas arancelarias
Aun así, el diferencial se mantiene. Los vehículos eléctricos continúan pagando menos patente que los de combustión y conservan otros beneficios relevantes, como la exoneración del IMESI y ventajas arancelarias a la importación, en línea con la política de promoción impulsada desde el Ministerio de Industria, Energía y Minería.
Sin embargo, el debate ya empezó a trasladarse del plano técnico al territorial. Desde el propio sector de las estaciones de servicio surgen cuestionamientos que ponen el foco en la equidad del sistema. Un estacionero consultado por LA ESTACIÓN Uruguay resumió el tema directamente “Ahora la pregunta es por qué exonerar o bonificar la patente si esos autos usan las mismas calles, los mismos puentes y los mismos servicios que los vehículos a nafta. ¿Hay usuarios de primera y de segunda?”.
El planteo no apunta contra la movilidad eléctrica ni contra el cambio tecnológico. Apunta a quién financia la infraestructura vial y cómo se distribuye la carga tributaria. Mientras los vehículos a combustión siguen aportando por patente, IMESI y consumo de combustibles —ingresos que históricamente sostuvieron buena parte del sistema—, los eléctricos acceden a un esquema de beneficios que reduce significativamente su contribución.
¿Justicia tributaria?
A medida que el parque eléctrico deja de ser marginal, esa asimetría empieza a pesar más en el debate público. Lo que en su momento fue un incentivo razonable para impulsar una tecnología incipiente hoy se transforma en una discusión de sostenibilidad fiscal y justicia tributaria.
En definitiva, la exoneración de patentes para los autos eléctricos ya no está “en trámite” ni en revisión inmediata. Fue reemplazada por un régimen intermedio que reconoce el cambio tecnológico, pero que también empieza a marcar límites.
El desafío hacia adelante será encontrar un equilibrio entre seguir promoviendo la electrificación y evitar que los incentivos de ayer se conviertan en los desequilibrios de mañana.