Por LA ESTACIÓN Uruguay
La discusión sobre el precio de los combustibles en Uruguay volvió a tomar temperatura, esta vez con números que buscan salir del terreno técnico para instalarse directamente en la economía real.
La Federación Rural puso arriba de la mesa una cifra que no pasa desapercibida, el sobrecosto del gasoil equivale a ciento ochenta y cinco millones de dólares.
Pero más que el número en sí, lo que impacta es la forma de traducirlo. Según el informe, ese monto representa la pérdida de ciento doce mil ciento ochenta y dos novillos prontos para faena o, en clave agrícola, cuatrocientas sesenta y dos mil setecientas cincuenta y una toneladas de soja. No es una metáfora, es producción que directamente no existe.
La brecha que nadie cierra
El dato vuelve a poner en foco una discusión que Uruguay evita cerrar desde hace años, la brecha entre el precio interno del combustible y la referencia internacional.
Al veintiocho de febrero de dos mil veintiséis, el gasoil cincuenta S se ubicaba en cuarenta y ocho con nueve pesos por litro, mientras que el Precio de Paridad de Importación marcaba cuarenta y uno con cuatro. La diferencia no es técnica ni opinable, es plata. Aplicada sobre un consumo anual que supera los mil millones de litros, se transforma en un drenaje constante de competitividad.
Un precio que financia otras cosas
Según el análisis difundido por la Federación Rural, esta distorsión no es coyuntural sino estructural. En el último año, los precios internacionales bajaron con fuerza, pero el mercado local apenas acompañó. La señal es clara, cuando el mundo baja, Uruguay baja poco. Cuando el mundo sube, Uruguay acompaña.
A eso se suma un componente que rara vez se dice con todas las letras. Una parte relevante del precio del gasoil no tiene nada que ver con el gasoil. Se utiliza para sostener otros sistemas, como el transporte urbano, trasladando ese costo a quienes producen y exportan.
El golpe silencioso del dólar
El informe agrega además un factor que termina de cerrar el círculo, el tipo de cambio. Aunque el precio en pesos haya tenido ajustes marginales, la caída del dólar encareció el gasoil en términos reales. El resultado es perverso, el productor cobra en dólares y paga costos internos cada vez más caros en esa misma moneda.
Ahí aparece el problema de fondo. El agro uruguayo no fija precios, los recibe. No puede trasladar costos, los absorbe. Cada peso de más en el gasoil es margen que desaparece, inversión que no se hace y competitividad que se pierde.
Mucho más que una queja sectorial
Lo que plantea la Federación Rural no es una queja puntual. Es una radiografía de un sistema que funciona, pero a costa de uno de los motores de la economía.
Porque detrás del precio del gasoil hay algo más que energía. Hay una decisión política sobre quién paga los equilibrios del modelo.
El país necesita sostener ciertos esquemas internos, pero lo hace cargando sobre un sector que compite a la intemperie del mercado internacional. Sin protección, sin margen y sin capacidad de trasladar costos.
El resultado no es neutro. Es pérdida de posición relativa. Es menor competitividad. Es resignación silenciosa de producción.
Los ciento ochenta y cinco millones de dólares no son solo una cifra. Son una transferencia. Una transferencia desde el sector productivo hacia el resto del sistema.
La pregunta que nadie quiere responder
Y como toda transferencia que no se discute abiertamente, termina generando distorsiones que tarde o temprano pasan factura.
Uruguay tiene derecho a definir su política energética. Lo que no puede es seguir evitando la pregunta central. Quién paga realmente el precio del combustible.
Y cuánto más está dispuesto a seguir pagando.