Mientras Uruguay impulsa una de las inversiones más ambiciosas en combustibles sintéticos de la región, desde Entre Ríos resurgen viejos reflejos de confrontación ahora con un argumento tan difuso como efectivo. Lo que antes era contaminación, hoy es paisaje y lo que está en juego ya no es solo el ambiente sino quién decide qué se puede ver desde la otra orilla.
Por LA ESTACIÓN Uruguay
El proyecto de la empresa HIF Global en Paysandú reactivó una lógica que, en la región, parecía archivada pero que nunca desapareció del todo. El río Uruguay vuelve a ser frontera política antes que puente productivo.
El gobernador de Entre Ríos, Rogelio Frigerio, eligió pararse en la vereda más dura: cuestionó el proceso advirtiendo sobre impactos y dejó abierta la puerta a una eventual presentación internacional en la Corte de La Haya, en una señal que remite sin rodeos al conflicto por las papeleras entre Argentina y Uruguay.
¿Se discute un proyecto de descarbonización?
Pero esta vez el argumento tiene un giro llamativo, ya no se discute una pastera ni un vertido ni una chimenea sospechosa, se discute una planta de combustibles sintéticos asociada a hidrógeno, verde es decir un proyecto alineado con la agenda global de descarbonización
Sin embargo, el rechazo no solo aparece, sino que muta y encuentra un nuevo eje: el impacto visual.
Argumentan que una planta industrial visible desde la costa argentina altera el paisaje del río y con él la lógica turística de ciudades como Colón.
Incomodidad estética
El cambio no es menor porque desplaza el debate desde la contaminación hacia la percepción desde el daño medible hacia la incomodidad estética. Desde el dato técnico hacia la sensibilidad política.
El problema es que ese argumento difícilmente sostenga un caso jurídico sólido, pero resulta altamente eficaz para instalar conflicto generar presión y reactivar viejos reflejos sociales en la región
Detrás del planteo ambiental hay también una señal política. Entre Ríos vuelve a marcar territorio en un tema donde la memoria colectiva sigue activa y donde cualquier proyecto del lado uruguayo es rápidamente leído en clave de amenaza.
El espacio de la energía verde
Uruguay por su parte, enfrenta un escenario incómodo y debe defender una inversión que no solo es industrial sino estratégica en términos de transición energética, pero al mismo tiempo queda expuesto a una crítica que ya no apunta tanto a lo que produce sino a lo que representa.
Porque la energía verde también ocupa espacio también modifica entornos y también genera rechazo cuando se vuelve visible.
Lo que está en juego no es solo una planta es el modelo de desarrollo en la frontera común, es la tensión entre producción y paisaje entre inversión y percepción, entre integración y conflicto.
Río Uruguay, nuevamente zona de fricción
El dato de fondo es claro; el río Uruguay volvió a entrar en zona de fricción y cuando eso ocurre la discusión deja de ser técnica y pasa a ser política.
Y en ese terreno la historia reciente demuestra que los argumentos importan menos que la capacidad de instalar el conflicto.