Por LA ESTACIÓN Uruguay
La decisión de UTE de invertir más de 75 millones de dólares en la construcción del Parque Fotovoltaico Melo no solo representa un salto en la generación renovable del país: también anticipa un cambio estructural en el ecosistema energético que impactará directamente sobre el negocio de las estaciones de servicio y la movilidad en Uruguay.
La nueva planta, que será la mayor instalación solar fotovoltaica del país, aportará más de 75 megavatios al sistema eléctrico nacional y abastecerá a unos 65.000 usuarios. Pero detrás de ese dato técnico hay una consecuencia concreta para el sector que sigue LA ESTACIÓN Uruguay: más disponibilidad de energía limpia significa mejores condiciones para expandir redes de carga eléctrica, alimentar electrolineras y sostener el crecimiento de la movilidad eléctrica que comienza a transformar el rol tradicional de las estaciones.
En Melo
El proyecto fue presentado en Melo con la presencia del presidente Yamandú Orsi, la ministra Fernanda Cardona y autoridades de UTE. La obra empleará a más de 100 personas y estará finalizada en 2028, consolidando una expansión solar que empieza a tener lectura directa en el mercado energético minorista.
Para las estaciones de servicio, esta evolución no es ajena. La electrificación del transporte exige cada vez más potencia disponible, estabilidad de red y suministro competitivo. Cada parque solar nuevo fortalece justamente esa infraestructura que mañana permitirá a una estación vender no solo combustibles líquidos, sino también kilovatios.
En ese escenario, la inversión en Melo se conecta con una tendencia ya visible: sellos como ANCAP y otros operadores avanzan en instalación de cargadores eléctricos en puntos estratégicos, y electrolineras como la que ofrece el sello estatal en ANCAP Aeropuerto, mientras las estaciones comienzan a reconvertirse en nodos multipropósito donde conviven combustibles fósiles, energía eléctrica, tiendas inteligentes y servicios digitales.
Soberanía energética
Cardona lo planteó en términos de soberanía energética: cuanto mayor sea el peso de las renovables, menor será la dependencia del petróleo y menor la exposición a la volatilidad internacional. Para el sector estacionero, esa afirmación tiene otra lectura: menos dependencia del crudo implica, a mediano plazo, una transformación del negocio tradicional basado exclusivamente en surtidores.
La planta de Melo contará con 140.000 paneles solares con seguimiento automático, capaces de optimizar su captación según la posición solar. La energía será inyectada al Sistema Interconectado Nacional a través de una nueva conexión en 150 kV desde la Subestación Melo B, reforzando la capacidad de distribución eléctrica en todo el país.
Matriz para alimentar una nueva generación de transporte
El dato estratégico es que Uruguay ya no incorpora renovables solo para cubrir demanda residencial o industrial: empieza a hacerlo también pensando en una matriz que deberá alimentar una nueva generación de transporte, logística y estaciones energéticas.
Con esta obra, parecería que Melo no es solamente una planta solar; es parte de la infraestructura que sostendrá el futuro energético de las estaciones de servicio, en un mercado donde el combustible del mañana será cada vez más eléctrico.