Más allá de lo que suceda en materia de precios, la suba no podría superar los 5 pesos por litro.
Por LA ESTACIÓN Uruguay
La reciente suba del petróleo en los mercados internacionales volvió a poner sobre la mesa uno de los mecanismos menos comprendidos del sistema de fijación de precios de combustibles en Uruguay: la llamada banda del 7%.
Se trata de una herramienta incorporada en la reforma del sistema de precios que busca evitar saltos bruscos en el valor de los combustibles cada vez que el mercado internacional del petróleo registra movimientos fuertes.
Amortiguador
En esencia, el mecanismo funciona como un amortiguador. Aunque el precio internacional del crudo suba o baje de forma significativa, el precio en surtidor no puede variar más de 7% en cada ajuste.
El proceso comienza con el cálculo de la URSEA, que determina la llamada paridad de importación (PPI). Ese indicador estima cuánto costaría abastecer el mercado uruguayo si el combustible se importara directamente desde el exterior.
Ese valor sirve como referencia técnica para el Poder Ejecutivo al momento de definir los precios que regirán en el mercado interno.
No hay traslado directo al surtidor
Sin embargo, la diferencia entre el precio vigente y el precio teórico que surge de la PPI no siempre se traslada de manera directa al surtidor. Allí entra en juego la banda de variación.
Tomando como referencia la nafta Súper, cuyo precio actual se ubica en el entorno de los $76,88 por litro, la regla establece que en un ajuste el precio solo podría subir o bajar hasta un máximo cercano a los $5 por litro.
Si el cálculo técnico indicara una corrección mayor, el ajuste igualmente queda limitado al 7%, y la diferencia se traslada a los siguientes períodos.
Sin cambios abruptos
La lógica detrás del sistema es evitar que el precio de los combustibles experimente cambios abruptos que puedan impactar de forma inmediata en la inflación, el transporte o la actividad económica.
Pero el mecanismo también incluye una excepción: la llamada cláusula de escape.
En situaciones extraordinarias —como crisis geopolíticas o saltos abruptos del precio del petróleo— el gobierno puede suspender temporalmente la aplicación de la banda y permitir ajustes superiores al 7%.
Es justamente esa posibilidad la que vuelve a aparecer en el radar a medida que el petróleo registra nuevas subas en el escenario internacional.
Evitar turbulencias globales
El sistema uruguayo intenta, en definitiva, equilibrar dos objetivos que no siempre resultan fáciles de compatibilizar: seguir la referencia del mercado internacional y, al mismo tiempo, evitar que las turbulencias globales se trasladen de manera directa al surtidor.
En un mercado pequeño y altamente sensible a los precios de la energía, la banda del 7% funciona como una suerte de amortiguador.
Un mecanismo pensado para suavizar las olas del petróleo antes de que lleguen a la bomba de combustible.