Por LA ESTACIÓN Uruguay (Fuentes varias)
El mapa de los combustibles en América Latina vuelve a mostrar, en estos días, un patrón conocido pero cada vez más marcado: tres modelos conviviendo bajo una misma referencia internacional, pero con resultados muy distintos en surtidor.
En Brasil, la política de precios de Petrobras vuelve a estar en el centro del debate. Con el reciente descenso del petróleo tras señales de distensión geopolítica, el gobierno optó por no trasladar completamente la volatilidad al consumidor.
Brasil
En el país norteño la decisión apunta a contener la inflación interna, pero reabre una tensión estructural: ¿cuánto puede absorber la petrolera sin comprometer márgenes ni inversiones? El equilibrio es delicado y, como ya ocurrió en otros ciclos, el precio deja de ser estrictamente técnico para transformarse en una variable política.
Argentina
A su tiempo los argentinos muestran el caso más extremo de intervención. Los combustibles continúan con precios regulados y ajustes administrados, lo que profundiza el atraso respecto a las referencias internacionales. Este desfasaje empieza a generar señales de alerta en el propio sistema: estaciones con márgenes comprimidos, distorsiones en la cadena de comercialización y el riesgo latente de faltantes puntuales si la brecha se amplía. El precio, en este esquema, deja de reflejar costos y pasa a cumplir una función de ancla macroeconómica.
Chile
Por su parte el país trasandino mantiene un esquema de corrección automática a través del MEPCO. El mecanismo no evita las subas o bajas, pero las dosifica. En el escenario actual, con un petróleo que viene de una corrección a la baja, los ajustes se trasladan de forma gradual, sin saltos bruscos en surtidor. Es un modelo que privilegia la estabilidad y la previsibilidad, aun cuando eso implique cierto rezago en capturar completamente las variaciones del mercado internacional.