Por LA ESTACIÓN Uruguay
Un dato que se acaba de conocer, da cuenta que la planta de bioetanol de ALUR en Paysandú alcanzó en 2025 la mayor producción desde el inicio de sus operaciones, estableciendo un récord histórico que vuelve a poner al complejo industrial en el centro de la agenda energética nacional.
El dato no es menor. En un contexto regional atravesado por la búsqueda de alternativas sostenibles a los combustibles fósiles, el desempeño de la planta sanducera confirma que los biocombustibles dejaron de ser una promesa para convertirse en una herramienta concreta de política energética, desarrollo productivo y reducción de emisiones.
MEGAPROYECTO DE LITORAL OESTE
Desde su puesta en marcha, la planta ha sido uno de los proyectos industriales más relevantes del litoral norte, no solo por su aporte a la matriz energética, sino también por su impacto directo en el empleo, la actividad agrícola asociada y la dinamización de la economía local. El récord alcanzado en 2025 refuerza ese rol estratégico.
Fuentes del sector destacaron que este nivel de producción fue posible gracias a una combinación de factores: mejoras continuas en los procesos industriales, mayor eficiencia operativa, inversiones sostenidas en tecnología y una articulación cada vez más aceitada con la cadena de proveedores de materias primas.
DISMINUIR HUELLA DE CARBONO
El bioetanol producido en Paysandú es clave para el corte obligatorio de las naftas, contribuyendo a reducir la dependencia de combustibles importados y a disminuir la huella de carbono del transporte, uno de los sectores más desafiantes en términos ambientales.
Para el ecosistema de estaciones de servicio, este crecimiento también tiene una lectura relevante: asegura volumen, previsibilidad en el abastecimiento y consolida un camino hacia una oferta energética cada vez más diversificada, donde los combustibles tradicionales conviven con soluciones de menor impacto ambiental.
Con este récord, ALUR no solo celebra un número: ratifica una estrategia. La de apostar por la producción nacional, por el agregado de valor en origen y por una transición energética que, lejos de ser un eslogan, empieza a medirse en millones de litros reales y en resultados concretos.