En ciudades como Chuy con solo cruzar una calle se surte la nafta 10 pesos más barata que del lado uruguayo.
Por LA ESTACIÓN Uruguay
Un recorrido por la ciudad de Chuy permite comprobar, sin demasiadas vueltas, lo que ya se intuía. Caída de ventas en la estación ANCAP del lado uruguayo y colas en los “postos” del lado brasileño.
La explicación está a la vista: con solo cruzar la calle, la diferencia llega a los 10 pesos por litro en la nafta Súper 95, un incentivo más que suficiente para que los automovilistas opten por cargar en Brasil.
En el Posto KINGS, ubicado en calle Uruguay 2122, el litro se ofrece a unos 47 pesos uruguayos al contado efectivo.
Se volvió a inclinar la balanza
La reciente reducción del beneficio del IMESI dispuesta por el gobierno volvió a inclinar la balanza, esta vez claramente en perjuicio de los empresarios estacioneros uruguayos. El recorte del descuento, que pasó del 32% al 27%, agudizó la pérdida de competitividad del combustible nacional en la frontera con Brasil.
Una situación similar se había vivido meses atrás en el litoral con Argentina. En ese caso, la reacción fue rápida: el Ejecutivo dio marcha atrás y restituyó el descuento del IMESI al 32%. Sin embargo, esa corrección no se replicó en los departamentos de Artigas, Rivera, Cerro Largo y Rocha, pese a que desde el sector se insiste en la necesidad de una medida equivalente para minimizar la fuga de consumo hacia Brasil.
27%; totalmente insuficiente
A lo largo de toda la línea fronteriza, operadores de estaciones de servicio y comerciantes vienen advirtiendo que el beneficio aplicado a los combustibles sigue siendo insuficiente y, sobre todo, desigual.
La situación resulta especialmente crítica en ciudades como Artigas, Rivera o Chuy, donde la distancia con los vecinos del norte se mide, literalmente, en una calle.
El planteo no es nuevo, pero volvió a ganar fuerza en las últimas semanas. Los estacioneros afectados por la reducción del beneficio al 27% sostienen que la rebaja vigente —sensiblemente menor a la aplicada en el litoral argentino— no alcanza para frenar la pérdida de ventas hacia Brasil, donde la diferencia de precios continúa siendo decisiva para el consumidor fronterizo.
Corrección inmediata con Argentina
La comparación es inevitable. Cuando el Ejecutivo decidió modificar el descuento del IMESI en la frontera con Argentina, el reclamo fue inmediato y la medida se corrigió en cuestión de días. En el caso de Brasil, el ajuste quedó a mitad de camino.
El problema no es solo de precios. Para estaciones que ya operan con márgenes ajustados, cada litro que cruza la frontera es volumen perdido que no se recupera. Menos ventas implican menos actividad, menos empleo y una menor viabilidad para negocios que cumplen una función clave en localidades donde la estación de servicio es, muchas veces, una verdadera ancla económica.
Mapa desigual de fronteras
El esquema actual termina configurando un mapa de fronteras con tratamientos distintos. Una frontera priorizada, la argentina, y otra donde la pérdida de competitividad se consolida como un problema estructural. Y eso reabre una discusión de fondo: el IMESI se ha transformado en una herramienta reactiva, ajustada por presión coyuntural y no por criterios técnicos permanentes.
Los operadores de la frontera con Brasil no reclaman un trato especial. Reclaman el mismo trato. La misma medida. El mismo reconocimiento de que competir contra precios distorsionados del otro lado de la línea no se resuelve con discursos, sino con una política fiscal coherente.
La pregunta, entonces, ya no es si el reclamo es legítimo. La pregunta es cuánto más puede demorarse una respuesta antes de que los operadores fronterizos con Brasil se vean obligados a tomar decisiones extremas, como envíos al seguro de paro o reducciones de plantilla, acuciados por una situación que se vuelve cada vez más difícil de sostener.