“Cuando el combustible se utiliza para sostener subsidios cruzados, equilibrar cuentas públicas o tapar déficits estructurales”
“Cuando el combustible se utiliza para sostener subsidios cruzados, equilibrar cuentas públicas o tapar déficits estructurales”
Por LA ESTACIÓN Uruguay
Los últimos días las gremiales agropecuarias del litoral tuvieron duras palabras con las que los agricultores pretenden mostrar una realidad que, en el sector de los combustibles, se conoce desde hace años: la competitividad que se define en el surtidor.
En un comunicado conjunto, productores de Salto, Paysandú, Guichón, Río Negro y Soriano advirtieron que el esquema actual de costos está llevando al agro — con él a buena parte de la economía real— a una situación límite.
“El sector agroexportador, que vende en dólares toda la producción, no puede seguir bancando modelos económicos basados en déficit fiscal y desorden de cuentas públicas”, señalaron. Pero más allá del diagnóstico macro, el texto apunta a un problema concreto: el precio del combustible como herramienta fiscal y no como insumo productivo.
Sobreprecio ajeno al sector
“Si la moneda dólar se deprecia un 20% y los costos en pesos uruguayos suben entre 5% y 8%, los números no dan” concluyen. Y entre esos costos, el gasoil ocupa un lugar central. No hay producción, cosecha ni logística rural que no dependa de él.
Las gremiales hablan de una “tormenta perfecta”: ajustes tarifarios, aumentos salariales, cargas del BPS, patentes, contribución rural y déficit hídrico.
Pero a ese combo se suma un elemento estructural que rara vez se discute de frente: el gasoil cargado con impuestos y sobreprecios para financiar políticas ajenas al sector productivo.
Fideicomiso al boleto
En Uruguay, el gasoil no solo mueve tractores y camiones. También sostiene un fideicomiso que subsidia el boleto urbano, trasladando parte del costo del transporte de pasajeros al interior productivo. El resultado es un esquema donde el productor, el transportista y la logística rural terminan financiando, litro a litro, un sistema que no usan.
Por eso el reclamo del litoral no se queda en generalidades. Es explícito y directo: “los cambios deben venir por efectos inmediatos, sea valor del dólar, sea una baja importante en todos los combustibles y energías”.
La frase muestra realidad incómoda: no hay competitividad posible con un gasoil convertido en caja recaudatoria. Cuando el combustible se utiliza para sostener subsidios cruzados, equilibrar cuentas públicas o tapar déficits estructurales, el impacto no se diluye: se paga en productividad, en precios y en pérdida de mercados.
No a las fiestas ajenas
De allí otra advertencia que resuena fuerte en todo el interior: “No sigan cargando al agro con los costos de fiestas ajenas”.
El reclamo del litoral no es solo rural. Es un llamado de atención sobre una política de combustibles que, al castigar al insumo clave de la producción, termina erosionando la competitividad de todo el país. Porque cuando el precio del gasoil asfixia, no se frena solo el campo: se frena la economía real.