Por LA ESTACIÓN Uruguay
Con el dato de hoy, que coloca el precio promedio de la gasolina y el diésel en la región ronda los USD 1,30 por litro, América Latina empieza a mostrar señales concretas de cambio en su matriz energética, pero todavía bajo una lógica de dependencia estructural de los combustibles líquidos, con un nivel que ya impacta directamente en la demanda y en los costos logísticos de las economías.
Este escenario marca un piso alto que vuelve a exponer la vulnerabilidad de países importadores, especialmente en transporte, donde no hay sustitutos masivos inmediatos.
La electro movilidad
En ese contexto aparece un primer cambio concreto.
La electromovilidad del transporte dejó de ser una expectativa y empezó a operar como herramienta económica, con picos muy altos como Uruguay.
Según datos de la Organización Latinoamericana y Caribeña de Energía, la región ya está generando un ahorro cercano a USD 3 millones diarios gracias al avance de la movilidad eléctrica, dinero que no se va en importación de combustibles o de crudo.
El fenómeno es claro: cuanto más sube el petróleo, más se amplifica el beneficio de la electrificación.
Ahí aparece una lógica distinta: no se trata solo de descarbonizar, sino de proteger la balanza energética.
Sin embargo, esa transición convive con una realidad mucho más desordenada.
LATAM: fuerte distorsión de precios
América Latina sigue siendo una región con fuertes distorsiones de precios.
Conviven mercados altamente subsidiados —caso extremo Venezuela— con otros donde la carga impositiva lleva los combustibles a niveles elevados.
Esa dispersión genera efectos concretos: contrabando, arbitraje de precios y distorsiones en la competencia regional.
CO₂ certificado
En paralelo, empieza a crecer otro mercado que hasta hace poco era marginal: el carbono.
La región ya concentra cerca del 20% de los acuerdos globales de mercado de carbono, (reducciones o capturas de CO₂ certificadas) posicionándose como proveedor de activos ambientales en un sistema que todavía está en formación, pero que empieza a mover capital relevante.
El ejemplo más claro, es el acuerdo de ANCAP con HIF Global, a través del que la petrolera le proveerá el carbono de sus chimeneas en Paysandú.