Por LA ESTACIÓN Uruguay
El barril de petróleo retrocedió en las últimas jornadas y se ubicó en torno a los USD 82,59, según el sitio https://es.investing.com/commodities/crude-oil.
La corrección llega después de un marzo marcado por la tensión geopolítica en Medio Oriente que llevó al crudo a niveles superiores a los USD 100 con picos de 115 dólares.
El dato es concreto: el petróleo bajó. Pero la lectura para Uruguay requiere matices.
Aumento de 30%
Entre febrero y marzo, el barril pasó de valores cercanos a USD 70 a más de USD 100, un salto superior al 30%. Ese shock no fue trasladado en su totalidad al mercado local. El ajuste aplicado en abril fue del orden del 7%, muy por debajo de la variación técnica que marcaba el Precio de Paridad de Importación (PPI), especialmente en el gasoil, donde la brecha fue significativa.
Hoy, con el barril en USD 82, el escenario cambia, pero no se revierte.
Primero, porque el nivel actual sigue siendo alto en términos relativos. Está por debajo del pico reciente, pero claramente por encima del promedio previo a la crisis. Segundo, porque el sistema uruguayo no traslada los movimientos del crudo en forma inmediata ni simétrica: amortigua las subas, pero también difiere los ajustes pendientes.
Uruguay ya absorbió parte del impacto
En ese marco, la baja del petróleo cumple un rol claro: reduce la presión de nuevos aumentos inmediatos, pero no habilita una rebaja en los precios de los combustibles.
El punto central es que Uruguay ya absorbió parte del impacto sin trasladarlo completamente. Esa diferencia —entre el costo internacional y el precio en surtidor— no desaparece con una baja parcial del crudo. Permanece como ajuste latente.
Por eso, aún con el barril en USD 82, el margen para una reducción en naftas o gasoil es prácticamente nulo. En el mejor de los casos, lo que se consolida es un escenario de estabilidad relativa. En el peor, una corrección gradual hacia adelante.
Caída; descompresión de riesgo
El comportamiento del mercado internacional también aporta una señal: la caída responde más a una descompresión del riesgo logístico y geopolítico que a un cambio estructural en la oferta o la demanda. Es decir, el petróleo afloja, pero no se desploma.
Para Uruguay, altamente dependiente de la importación de combustibles, esto implica que el canal de transmisión externa sigue activo. El crudo continúa siendo el principal factor de presión sobre los costos energéticos, el transporte y los impuestos que pesan sobre las gasolinas, de casi un 40% de su precio
En síntesis: el petróleo bajó, sí. Pero no lo suficiente ni por el tiempo necesario como para modificar el esquema local de precios.