Por LA ESTACIÓN Uruguay
La tensión entre el gobierno y la Federación ANCAP (FANCAP) del que ya hemos dado cuenta en LA ESTACIÓN Uruguay en anteriores ediciones, escaló en las últimas horas a un punto crítico, con impacto directo sobre uno de los eslabones más sensibles del sistema energético: el abastecimiento de combustibles.
En el marco del conflicto ya declarado, el sindicato fijó un paro para el sábado 2 de mayo en la planta de La Tablada, en una fecha particularmente delicada. La medida cae inmediatamente después del Día Internacional de los Trabajadores, en un fin de semana largo donde la demanda suele incrementarse y la logística opera bajo presión.
Sin guardias, e incertidumbre por suministro
Desde el gremio fueron explícitos: al no existir convenio colectivo vigente, no habrá guardias acordadas. Traducido a la operativa real, el suministro de combustibles queda condicionado a múltiples factores, con un margen de incertidumbre que el propio sindicato reconoce.
El escenario se complejiza aún más por el contexto macro. El Poder Ejecutivo deberá definir en los próximos días un nuevo ajuste de tarifas, y desde el Ministerio de Economía ya se anticipa una suba casi inevitable, en línea con la volatilidad internacional. El presidente Yamandú Orsi fue claro: el contexto es incierto y no hay señales de mejora en el corto plazo.
No es un hecho aislado
En ese marco, el conflicto sindical no aparece como un hecho aislado, sino como una pieza más dentro de un sistema tensionado por variables internas y externas.
El núcleo del enfrentamiento está en la reestructura del negocio del portland. El directorio de Ancap resolvió avanzar en la concentración de la producción en Minas, lo que implica redefinir el rol de la planta de Paysandú, que pasaría a operar como centro logístico y de molienda. La decisión arrastra el traslado de unos 50 funcionarios y abre interrogantes sobre el futuro de decenas de puestos vinculados a la actividad extractiva.
El Portland
El problema de fondo no es nuevo. El portland es, desde hace décadas, un negocio deficitario dentro de Ancap, con pérdidas acumuladas que condicionan cualquier estrategia. El cierre de 2025 volvió a confirmar esa realidad, empujando al directorio a tomar medidas que considera inevitables.
Sin embargo, el costo social de esa reestructura es el eje de la resistencia sindical.
Las negociaciones, que incluyeron cuatro instancias en el Ministerio de Trabajo, terminaron sin acuerdo. Incluso cuando desde la propia cartera se planteó extender el diálogo para buscar una salida consensuada, la empresa decidió dar por cerrado el ámbito y avanzar con su plan.
FANCAP se desmarcó
Desde FANCAP sostienen que no es su responsabilidad garantizar el abastecimiento durante la medida, dejando la carga operativa del lado de la empresa y del sistema en su conjunto.
En términos prácticos, el país enfrenta un combo complejo. Un posible aumento de combustibles, un sistema logístico tensionado y un sindicato que endurece posiciones en un área estratégica, amén del cuello de botella que seguramente se precipite el próximo fin de semana largo.