Por LA ESTACIÓN Uruguay
El mercado petrolero volvió a moverse con fuerza y América Latina empieza a capitalizarlo. Según informó Bloomberg Línea, el precio del crudo acumula una suba cercana al 60% en lo que va del año, empujado por la tensión geopolítica en Medio Oriente y por un mercado que volvió a ajustar su oferta en un contexto de alta incertidumbre.
El impacto no quedó en el barril. Se trasladó de forma directa a las compañías energéticas de la región, que recuperaron protagonismo en los mercados financieros. De acuerdo al mismo informe, las petroleras latinoamericanas que cotizan en Estados Unidos incrementaron su valor en unos 80.000 millones de dólares, pasando de una capitalización cercana a los 141.800 millones a unos 221.000 millones de dólares.
Brasil “o mais grande”
Brasil aparece como el gran ganador de este nuevo ciclo. Petrobras lidera el movimiento con una suba cercana al 80% en el año, acompañada por otras compañías del sector que también muestran fuertes valorizaciones. El fenómeno no es aislado: responde a un cambio de escenario en el que el petróleo vuelve a posicionarse como activo estratégico, tanto desde el punto de vista energético como financiero.
Detrás de este rally hay factores concretos. La tensión en torno al Estrecho de Ormuz volvió a instalar el riesgo sobre una de las principales rutas del comercio mundial de petróleo, mientras que la oferta global se mantiene ajustada. A eso se suma un elemento clave: el regreso de flujos financieros hacia activos energéticos, en un contexto donde el mercado busca cobertura frente a la volatilidad internacional.
Reposicionamiento hacia energías renovables
Bloomberg advierte además que hay una rotación hacia mercados emergentes con fuerte base energética, y en ese mapa América Latina aparece como una de las regiones mejor posicionadas. Recursos disponibles, proyectos en desarrollo y un marco relativamente estable en comparación con otras zonas del mundo convierten al continente en un destino natural para ese capital.
Para Uruguay, sin embargo, la lectura es distinta. El país no participa de ese proceso de valorización, pero sí recibe el impacto directo del precio del crudo en su estructura de costos. El mismo movimiento que impulsa a las petroleras en bolsa es el que presiona el precio internacional de los combustibles, eleva el valor FOB de la gasolina y termina trasladándose al cálculo del PPI.
Hoy, con referencias internacionales que ubican la gasolina en torno a los 900 dólares por metro cúbico, la presión sobre el sistema local es evidente. El margen de maniobra existe, pero es limitado. La banda de ajuste y la administración política del precio pueden amortiguar el impacto, pero no eliminarlo.