Por LA ESTACIÓN Uruguay
Las perforaciones clandestinas en ductos de combustibles ya son consideradas por la industria energética latinoamericana como una de las principales amenazas operativas, ambientales y de seguridad del sector.
Frente a ese escenario, ARPEL publicó la “Guía para la reparación de tomas ilícitas en ductos”, un documento técnico de casi 30 páginas que baja procedimientos concretos para intervenir cañerías perforadas por bandas dedicadas al robo de hidrocarburos.
Si bien esta modalidad ilícita, no está presente en Uruguay, en la medida que los hidrocarburos (refinados) no se trasvasan por ductos, sino por camiones, las recomendaciones de ARPEL en base a sus experiencias resultan muy interesantes.
Completa Guía
La referida Guía de ARPEL —elaborada junto a técnicos de empresas como RECOPE, REFINOR, OLDELVAL, TRANSPETRO, YPFB y TGP— reconoce que el hurto de combustibles mediante tomas clandestinas “representa una de las mayores causas de incidentes en ductos de transporte de hidrocarburos”.
La guía describe con precisión cómo operan muchas de estas conexiones ilegales.
Uno de los métodos más frecuentes detectados por las compañías consiste en instalar abrazaderas metálicas alrededor del ducto, sobre las cuales se suelda una válvula. Luego los delincuentes perforan la tubería a través de esa válvula para extraer el combustible. Según ARPEL, este sistema presenta “alta posibilidad de generar derrames”, especialmente cuando las líneas operan a alta presión.
Los métodos para robar combustible
Otro mecanismo identificado es la soldadura directa de “niples-válvula” sobre la cañería, incluso con múltiples perforaciones muy próximas entre sí. También se detectaron estructuras más complejas montadas sobre chapas metálicas soldadas al ducto con derivaciones clandestinas para extracción continua de producto.
El documento deja claro que el problema excede largamente el robo de combustible.
ARPEL advierte que las tomas ilícitas representan riesgos severos para las personas, el medio ambiente y las operaciones, entre otros riesgos de índole empresarial.
La guía también establece protocolos estrictos antes de intervenir una perforación clandestina.
Protocolo ante fuga de combustible
Entre las primeras medidas figura la evaluación inmediata del entorno para detectar cercanía de cursos de agua, asentamientos humanos, redes eléctricas o áreas ambientalmente sensibles. Si existe fuga de hidrocarburos, la recomendación es activar de inmediato planes de contingencia y dar aviso simultáneo a autoridades policiales y ambientales.
Otro punto particularmente sensible es que ARPEL recomienda que muchas inspecciones se realicen exclusivamente de día, salvo casos de emergencia con derrames activos, debido al alto riesgo operativo y de seguridad.
La publicación además incorpora soluciones técnicas específicas para reparar ductos perforados: abrazaderas dobles, encapsulamientos, anillos soldados, sistemas “Line Stop”, bypass temporales y y procedimientos bajo normas ASME B31.4 y API 1104.
Incluso dedica capítulos completos al control de calidad posterior, ultrasonidos de verificación y elaboración de registros técnicos detallados de cada reparación.
Robo: actividad organizada
El documento confirma además algo que la industria ya reconoce puertas adentro: el robo de combustibles dejó hace tiempo de ser un problema artesanal y pasó a transformarse en una actividad altamente organizada, técnicamente sofisticada y con fuerte impacto económico sobre las empresas operadoras de ductos.
En países como México, Brasil o Colombia, el fenómeno ya mueve millones de dólares y obligó a reforzar vigilancia aérea, monitoreo satelital, inspecciones inteligentes (“PIGs”) y sistemas de detección temprana sobre oleoductos y poliductos.
Ahora ARPEL busca unificar criterios técnicos para enfrentar un problema que la propia organización regional define como una amenaza creciente para la integridad de la infraestructura energética latinoamericana.
Más información en: https://www.arpel.org/publicaciones/guia-arpel-para-la-reparacion-de-tomas-ilicitas