Por LA ESTACIÓN Uruguay
Una de las “muletillas” utilizadas por quienes apuestan a la electromovilidad, es la teoría que estos vehículos prescinden del petróleo.
En este escenario, mientras América Latina acelera proyectos de electromovilidad, hidrógeno verde y energías renovables, empieza a aparecer una realidad bastante menos romántica:
la transición energética también necesita enormes cantidades de hidrocarburos.
Detrás de cada auto eléctrico
Detrás de cada auto eléctrico, parque eólico o megaproyecto “verde”, existe una gigantesca estructura industrial que continúa dependiendo del petróleo y del gas en múltiples etapas de producción, transporte y operación.
Mientras varios gobiernos impulsan agendas de descarbonización, simultáneamente avanzan inversiones petroleras multimillonarias en Brasil, Guyana, Vaca Muerta y offshore atlántico.
¿Por qué? Porque la propia transición energética consume cantidades enormes de materiales, logística y petroquímica.
Un automóvil eléctrico, por ejemplo, requiere: plásticos, derivados petroquímicos, asfaltos, lubricantes, neumáticos, resinas, transporte marítimo, minería intensiva y cadenas logísticas globales completamente apoyadas en hidrocarburos.
Incluso la explotación de minerales estratégicos como litio, cobre y níquel depende fuertemente de maquinaria pesada alimentada por diésel.
Paradoja
La paradoja empieza a ser evidente:
el mundo intenta salir del petróleo… utilizando petróleo.
América Latina se encuentra particularmente atrapada dentro de esa contradicción.
Por un lado, la región aparece como uno de los grandes reservorios globales de minerales críticos para la transición energética.
Por otro, necesita seguir desarrollando petróleo y gas para sostener exportaciones, empleo, infraestructura y estabilidad económica.
Brasil acelera producción offshore.
Argentina apuesta fuerte a Vaca Muerta.
Guyana se transforma en nueva potencia petrolera.
Y hasta Uruguay continúa reforzando infraestructura de combustibles mientras impulsa movilidad eléctrica.
El fenómeno empieza además a modificar el discurso político regional.
¿Petróleo vs. Renovables?
Cada vez más gobiernos intentan abandonar la vieja lógica de “petróleo versus renovables” para pasar a un esquema híbrido donde ambas cosas convivirán durante décadas.
Porque la realidad tecnológica todavía está muy lejos de permitir una independencia absoluta de los hidrocarburos.
El transporte pesado, la aviación, la petroquímica, la minería y buena parte de la logística global continúan dependiendo casi totalmente del petróleo.
Y ahí aparece una de las mayores ironías energéticas de esta época:
cuanto más avanza la transición, más minerales, más infraestructura y más energía requiere el sistema.
Y todo eso —al menos por ahora— sigue teniendo un fuerte olor a petróleo.