Por LA ESTACIÓN Uruguay
Por momentos, la situación del Portland de ANCAP parece haber dejado de ser únicamente un problema industrial para transformarse directamente en un asunto político de escala nacional.
La carta enviada por la ministra de Industria, Fernanda Cardona, al presidente del Congreso de Intendentes, Nicolás Olivera, deja entrever claramente cuál es la estrategia que comienza a diseñar el gobierno: intentar sostener parte de la producción cementera estatal a través de mecanismos de compra pública impulsados desde las intendencias.
Cuota departamental de cemento, debe ser de ANCAP
La propuesta es concreta. Que los gobiernos departamentales reserven una cuota de compra de cemento Portland producido por ANCAP para sus obras públicas.
El planteo no surge de la nada. La industria cementera del ente viene acumulando dificultades desde hace años, con pérdidas millonarias, problemas de competitividad y permanentes discusiones sobre su viabilidad económica. En paralelo, tanto el Ministerio de Industria como el sindicato han venido buscando alternativas que permitan evitar un deterioro mayor de la actividad y, sobre todo, preservar las fuentes laborales vinculadas a las plantas.
La novedad ahora es el fuerte componente político e institucional que adquiere la estrategia oficial.
Corresponsabilidad gobierno/intendencias
Cardona no solamente apela a la sensibilidad política de Olivera como intendente de Paysandú —departamento directamente vinculado a la actividad del Portland— sino que además instala un concepto mucho más profundo: la “corresponsabilidad” entre el gobierno central y las intendencias.
En otras palabras, el mensaje parece ser claro. Si el gobierno nacional incrementa las transferencias hacia los departamentos, también espera que los gobiernos departamentales acompañen determinados objetivos estratégicos nacionales a través de sus decisiones de compra.
La discusión, excede al Portland.
Porque detrás de esta propuesta aparece una pregunta inevitable: ¿hasta dónde puede o debe llegar el Estado para sostener actividades industriales deficitarias consideradas estratégicas desde el punto de vista territorial, laboral o político?.
Para algunos, el mecanismo puede interpretarse como una herramienta válida de defensa de la producción nacional y del empleo. Para otros, en cambio, puede abrir un debate incómodo sobre competencia, eficiencia y utilización de recursos públicos.
Lo cierto es que el Portland de ANCAP vuelve una vez más al centro de la escena política uruguaya, arrastrando una historia de décadas marcada por pérdidas, reestructuras fallidas y soluciones transitorias que nunca terminaron de resolver el problema de fondo.