Por LA ESTACIÓN Uruguay
Martes 14 de julio del 2026
Mientras el país sigue con expectativa los avances de la exploración petrolera frente a sus costas, hay una pregunta que comienza a instalarse entre economistas, especialistas y actores del sector energético: ¿Uruguay negoció bien los contratos con las grandes petroleras o fue demasiado generoso para atraer inversiones?
Empresas como Shell (OFF-2, OFF-4 y OFF-7), Chevron (Socio OFF 7), YPF/ENI (OFF 5), APA Corporation (OFF-4 y OFF-6), QatarEnergy (OFF 7) Challenger Energy (OFF-3), decidieron apostar por la plataforma marítima uruguaya. Sin embargo, a diferencia de lo que ocurre en muchos países productores, el Estado no recibió un bono por la adjudicación de los bloques ni cobra un canon anual por mantener esas áreas concesionadas.
Cabe señalar que los bloques 1 y 8 se encuentran libres.
Sin antecedentes petroleros en Uruguay
Cuando Uruguay abrió su plataforma offshore, no tenía un solo descubrimiento comercial de petróleo. Tampoco contaba con antecedentes que permitieran demostrar el potencial geológico de su cuenca. Competía por atraer inversiones con países que ya habían encontrado grandes yacimientos, como Guyana, Brasil o Namibia.
En ese escenario, ofrecer condiciones económicas atractivas era prácticamente una necesidad. La lógica era simple: primero había que convencer a las empresas de asumir un riesgo exploratorio enorme. Si no aparecía petróleo, toda la inversión quedaría a cargo del privado y el Estado no perdería un solo dólar.
100 millones de dólares
Un pozo exploratorio en aguas profundas puede demandar inversiones superiores a los 100 millones de dólares. Y la historia de la industria demuestra que la mayoría de los pozos exploratorios termina sin descubrimientos comerciales.
Desde esa perspectiva, Uruguay apostó por maximizar la llegada de capital privado antes que obtener ingresos inmediatos.
De todos modos, quienes cuestionan el modelo sostienen que el país podría haber capturado parte del valor generado por el interés de las grandes compañías sin desalentar la inversión.
Pagos por contraprestación
Recuerdan que en buena parte del mundo las empresas pagan algún tipo de contraprestación desde el momento en que obtienen un bloque: bonos de firma, cánones por superficie, regalías sobre la producción o una combinación de estos mecanismos.
Esos pagos cumplen dos funciones. Por un lado generan ingresos para el Estado aun cuando nunca se descubra petróleo. Por otro, evitan que las empresas mantengan grandes extensiones concesionadas durante años sin desarrollar actividad.
La presencia de compañías de primera línea alimenta ese argumento. Si Shell, Chevron, YPF, Challenger Energy o QatarEnergy decidieron ingresar al offshore uruguayo, ¿el país tenía realmente tan poco poder de negociación como para renunciar a cualquier ingreso inicial?
Probablemente, si Uruguay hubiera exigido condiciones económicas más duras hace algunos años, algunas empresas nunca habrían llegado. Pero también es cierto que el contexto cambió.
Datos sísmicos alientan yacimientos
Los datos sísmicos obtenidos en las campañas recientes, los descubrimientos realizados en la costa africana del Atlántico Sur y la incorporación de nuevos operadores internacionales aumentaron el interés sobre la cuenca uruguaya.
Tal vez las condiciones que fueron adecuadas para atraer a los primeros inversores no necesariamente deban mantenerse en futuras rondas de licitación. A medida que disminuye el riesgo geológico y aumenta el interés internacional, también crece la capacidad negociadora del Estado.
En definitiva, el verdadero debate no es si Uruguay "regaló" el offshore o si fue excesivamente exigente, la verdadera cuestión pasa por saber ¿cuál es el equilibrio entre atraer inversiones de miles de millones de dólares y asegurar que, si finalmente aparece petróleo, la mayor parte posible de esa riqueza quede en beneficio del país?
Esa respuesta probablemente no se conocerá cuando se firmen los contratos. Se conocerá recién el día en que el primer barril salga del fondo del mar.