Por LA ESTACIÓN, Uruguay
Viernes 11 de setiembre de 2026
El mercado petrolero volvió a encender todas las alarmas. El barril de Brent, principal referencia internacional, llegó este jueves a cotizar por encima de los US$ 105, mientras que el WTI estadounidense atravesó también la barrera de los US$ 100.
Según REUTERS, la suba respondió a la intensificación de los ataques contra buques y rutas de transporte en Medio Oriente y al temor de nuevas restricciones en el suministro mundial.
Para Uruguay, completamente dependiente de la importación de petróleo, la señal es preocupante. El impacto no se traslada automáticamente ni en la misma proporción al surtidor, porque el Precio de Paridad de Importación elaborado por la URSEA considera las cotizaciones de los combustibles refinados en el mercado internacional, además del tipo de cambio, los fletes y otros costos. Pero un crudo instalado por encima de los US$ 100 termina presionando inevitablemente los precios de las naftas y, especialmente, del gasoil.
Gas Oil ya está un 25% por debajo de su precio
El Gobierno decidió mantener sin cambios los precios durante setiembre, pese a que el último informe de la URSEA ya mostraba un desfasaje importante respecto de las referencias internacionales. En el caso del gasoil, la diferencia rondaba el 25 por ciento, equivalente a aproximadamente 15 pesos por litro, mientras que para la nafta el apartamiento era cercano a un peso por litro y para el supergás alcanzaba unos cinco pesos por kilo.
La decisión fue presentada como una amortiguación destinada a evitar que la volatilidad internacional llegara directamente a los consumidores. Sin embargo, si el Brent permanece entre US$ 100 y US$ 105 —o continúa subiendo— esa diferencia podría profundizarse durante las próximas mediciones de la URSEA.
¿Aumento en octubre?
El Ejecutivo quedará entonces ante tres caminos: aumentar los combustibles, mantenerlos mediante un mayor esfuerzo financiero de ANCAP o combinar ambas alternativas con un ajuste parcial. La primera opción tendría efectos sobre el transporte, la producción y los precios internos; la segunda ampliaría el costo que deberá asumir la empresa pública y, en definitiva, las cuentas del Estado.
La clave no está solamente en que el petróleo haya cruzado los US$ 100 durante una jornada. Lo determinante será cuánto tiempo permanezca en ese nivel. Una suba transitoria puede ser absorbida; varias semanas con el barril por encima de los tres dígitos comenzarían a reflejarse con fuerza en el próximo PPI y reducirían sensiblemente el margen del Gobierno para contener los precios.
Por ahora, la amenaza no está todavía en los surtidores, pero ya ingresó en la ventana de cálculo de los próximos ajustes. Si esta tendencia se consolida, octubre volverá a colocar el precio de los combustibles en el centro de las decisiones económicas del Gobierno.