La chilena HIF-Global, con una planta proyectada de hidrógeno verde en Paysandú y una inversión cercana a los 6 mil millones de dólares, acaba de hacer su movida en la partida de ajedrez que mantiene con el gobierno uruguayo.
El comunicado de HIF Global fue claro: la empresa aún no ha dado su aprobación definitiva para instalar la planta de hidrógeno verde en Paysandú. Lo que se presentó como la mayor inversión privada en la historia del país sigue siendo, por ahora, un proyecto en el papel. La relocalización en predios de ANCAP, anunciada como solución a las tensiones con Argentina, no implica un compromiso firme.
La incertidumbre es total
El gobierno uruguayo insiste en mostrar optimismo, pero la realidad es que Paysandú está construyendo expectativas sobre una inversión que todavía no existe. El intendente Nicolás Olivera habla de entre 1.500 y 3.000 empleos durante la construcción, cifras que entusiasman a una ciudad golpeada por el desempleo. Sin embargo, no hay plazos, contratos ni garantías que respalden esas promesas. El riesgo es evidente: que Paysandú quede atrapado en una ilusión empresarial que nunca se materialice.
El costo de la energía que UTE debe proveer sigue siendo el principal obstáculo. Representa cerca del 70% del costo del proyecto, y sin un acuerdo sólido en ese punto, la inversión no avanza. La empresa mantiene la cautela y el gobierno, urgido por mostrar resultados, se expone a quedar en una posición incómoda si el “OK” nunca llega.
Polémica en oportunidad
Mientras tanto, desde Entre Ríos se escuchan voces que buscan transformar la polémica en oportunidad. El ministro de Desarrollo Económico, Guillermo “Willy” Bernaudo, afirmó que “las posibilidades de desarrollo de Uruguay son posibilidades de desarrollo para la región” y expresó su deseo de que surjan negocios a través del puente General Artigas. Recordó que la objeción entrerriana se limitó al impacto visual sobre las playas de Colón y no cuestionó ni la inversión ni la tecnología, a la que calificó como “ambientalmente más saludable”.
Ese optimismo regional contrasta con la falta de certezas en Uruguay. Mientras Argentina imagina cómo aprovechar la inversión, Paysandú sigue esperando una definición que no llega.
La advertencia es clara: sin el “OK” de HIF, la planta es solo un anuncio. Y la ciudad corre el riesgo de convertirse en rehén de una promesa que nunca se cumpla.