La paradoja fiscal entre autos a combustión y eléctricos, también golpea a Uruguay
La paradoja fiscal entre autos a combustión y eléctricos, también golpea a Uruguay
Por LA ESTACIÓN Uruguay
Viernes 25 de setiembre de 2026
La electromovilidad suele presentarse como una historia de éxito. Menos emisiones, menor dependencia de los combustibles fósiles y un transporte más eficiente. Sin embargo, detrás de esa transformación aparece una pregunta incómoda que ya comenzó a debatirse en Alemania: ¿qué ocurrirá con las finanzas públicas cuando millones de vehículos dejen de consumir gasolina y gasoil?
La interrogante no es ajena a Uruguay. Por el contrario. En nuestro país, buena parte del precio de los combustibles está compuesto por impuestos y recargos que terminan financiando diferentes actividades del Estado. Cada vez que un automovilista carga nafta o gasoil, una parte importante de ese dinero no va al combustible en sí mismo sino a la estructura tributaria que lo acompaña.
Advierten desde UNVENU
Por eso no resulta extraño que desde la Unión de Vendedores de Nafta del Uruguay (UNVENU) se hayan levantado voces de preocupación sobre las diferencias tributarias existentes entre los combustibles tradicionales y los vehículos eléctricos. Mientras quienes utilizan nafta o gasoil soportan una carga fiscal significativa, quienes recargan vehículos eléctricos acceden a costos mucho menores y con una presión impositiva diferente.
La discusión de fondo no es si los vehículos eléctricos son buenos o malos. La realidad indica que llegaron para quedarse. La verdadera cuestión es otra: si cada vez más uruguayos abandonan los surtidores, ¿cómo compensará el Estado la pérdida de ingresos?
Amenazas sobre fuente histórica de recaudación
El debate ya apareció en Europa. En Alemania algunos analistas advierten que el crecimiento de la flota eléctrica puede erosionar una fuente histórica de recaudación vinculada a los combustibles. Lo que hoy parece una amenaza lejana podría transformarse mañana en un desafío para cualquier país que impulse con éxito la electrificación del transporte.
Uruguay se encuentra en una posición particular. Por un lado, promueve la movilidad eléctrica y la descarbonización. Por otro, mantiene un esquema donde los combustibles líquidos continúan aportando recursos relevantes a la economía nacional. Ambas realidades conviven, pero no necesariamente lo harán para siempre.
Transición energética: costos ocultos
La transición energética tiene beneficios evidentes, pero también costos ocultos que raramente aparecen en los discursos oficiales. Si cada avance de la electromovilidad implica menos recaudación por combustibles, tarde o temprano alguien deberá cubrir esa diferencia. La pregunta es quién.
Quizás la verdadera paradoja verde no sea tecnológica ni ambiental. Tal vez sea fiscal. Cuanto más éxito tenga la movilidad eléctrica, más urgente será para los gobiernos encontrar nuevas formas de recaudar. Y sería prudente empezar esa conversación ahora, antes de que los surtidores vacíos se conviertan también en cajas vacías.