Por LA ESTACIÓN Uruguay
Lunes 14 de setiembre de 2026
El ex presidente de UNVENU y actual secretario general de la Comisión Latinoamericana de Empresarios de Combustibles (CLAEC), Daniel Añón, advirtió que la expansión de cargadores eléctricos en calles, centros comerciales, aeropuertos y predios particulares dejó a las estaciones de servicio prácticamente fuera de un negocio que inicialmente aparecía como una evolución natural de su actividad.
Las declaraciones a LA ESTACIÓN se producen tras la inauguración de la Electrolinera Malvín, la nueva estación de carga directa de UTE que cuenta con ocho puntos rápidos, funciona durante las 24 horas y demandó una inversión cercana a los US$ 230.000.
Gran dispersión de cargadores
Para Añón, la dispersión de cargadores por lugares que no pertenecen al circuito tradicional del abastecimiento vehicular modificó definitivamente las posibilidades comerciales de las estaciones.
“A esta altura hay cargadores por todos lados: en los shoppings, en el aeropuerto, en la calle y en predios particulares. El negocio para la estación de servicio ya dejó de serlo”, afirmó.
El dirigente entiende que solamente algunos establecimientos de gran porte, capaces de instalar numerosos puntos y captar un volumen importante de operaciones, podrían encontrar una oportunidad. Para la mayoría de las estaciones, colocar dos o tres cargadores supone una inversión elevada que difícilmente pueda recuperarse con el nivel actual de demanda.
“Puede funcionar para alguien que instale una cantidad grande de cargadores y tenga una estación de gran tamaño. Pero traer potencia para colocar dos o tres sale carísimo y el propio cargador también tiene su costo”, explicó.
Altos costos asociados a los cargadores
El planteo coincide con el de operadores que consultaron a UTE sobre la instalación de cargadores rápidos. Además del precio de los equipos, deben afrontar el costo de llevar la potencia hasta el establecimiento, un cargo fijo mensual y la compra de la energía a la misma empresa pública que luego compite con ellos mediante su red.
La expansión de puntos en espacios públicos y privados también genera interrogantes sobre el modelo adoptado. Las estaciones de servicio están sometidas a exigencias de ubicación, seguridad, habilitación y funcionamiento por comercializar productos energéticos. Añón considera que la instalación de cargadores eléctricos se desarrolló sin un marco equivalente que reservara o reconociera el papel de esa infraestructura existente.
“Las estaciones perdieron desde el primer momento, cuando comenzaron a instalar cargadores en la calle y en todo tipo de lugares. Hoy puede haber uno prácticamente en cualquier lado. Es lamentable”, sostuvo.
Ausencia de política sectorial
Su afirmación no implica que la carga eléctrica carezca totalmente de normas técnicas o comerciales. UTE establece condiciones de conexión y beneficios para los operadores privados de carga. El cuestionamiento apunta a la ausencia de una política sectorial que integrara prioritariamente a las estaciones y estableciera condiciones económicas que les permitieran competir.
Los establecimientos disponen de personal durante las 24 horas, vigilancia, iluminación, baños, tiendas, cafeterías y asistencia para los conductores. También constituyen una red territorial desarrollada específicamente para recibir vehículos y suministrarles energía. Sin embargo, la expansión eléctrica avanzó hacia un esquema mucho más disperso, en el cual cualquier estacionamiento puede transformarse en un punto de carga.
Estaciones de Servicio quedaron relegadas
La consecuencia, según Añón, es que las estaciones quedaron relegadas antes de que el negocio alcanzara escala suficiente. Mientras la electromovilidad comienza a reducir el consumo de naftas y gasoil, los operadores encuentran dificultades para participar de la actividad que progresivamente sustituirá una parte de esas ventas.
La discusión ya no consiste solamente en decidir dónde deben instalarse los cargadores. Se trata de determinar qué papel tendrán las estaciones dentro de la nueva movilidad y si todavía es posible construir un modelo que las incorpore como operadores o si deberán limitarse a ceder espacios para equipos administrados por UTE.
Para Añón, gran parte de esa oportunidad ya se perdió. La red eléctrica creció por fuera de las estaciones y consolidó hábitos de carga en calles, centros comerciales, aeropuertos y domicilios. Revertir esa situación requeriría ahora una política explícita que reconozca a las estaciones como parte de la infraestructura energética del transporte y les proporcione condiciones reales para invertir.