Por LA ESTACIÓN Uruguay
Viernes 9 de octubre de 2026
La transformación del sector eléctrico también exige transformar su regulación. Ese fue el eje de la intervención del presidente de URSEA, Andrés Cardozo, en el IV Foro de Reguladores Eléctricos, celebrado en el marco de la XI Semana de la Energía. Su planteo reunió tres desafíos: acompañar la innovación, preparar a los sistemas para resistir y superar perturbaciones y mantener el interés público como orientación de las decisiones.
El encuentro, dedicado a la “Regulación para los Sistemas Eléctricos del Futuro”, fue impulsado conjuntamente por la Organización Latinoamericana de Energía, GET.transform y la Asociación Iberoamericana de Entidades Reguladoras de la Energía. Convocó a autoridades reguladoras, organismos internacionales y especialistas para analizar los desafíos de la seguridad energética y la transformación tecnológica en América Latina y el Caribe.
Tercera ola de generación
Cardozo describió el momento actual como una “tercera ola” de la regulación eléctrica. Según explicó, los cambios que atraviesa el sector superan incluso los derivados de la incorporación de tecnología durante las últimas dos décadas. La transición energética, la digitalización y la equidad energética avanzan simultáneamente y colocan a los reguladores ante problemas que requieren nuevas formas de trabajo.
En ese escenario, sostuvo que el desafío es consolidar un regulador flexible, capaz de dialogar con la sociedad de manera transparente y de conservar su independencia y legitimidad. La confianza debe construirse tanto entre los usuarios como entre las empresas prestadoras, los inversores y la sociedad en su conjunto.
La abundancia de información también modifica las exigencias. Cardozo remarcó la importancia de tomar decisiones basadas en evidencia, agilizar los procesos y acompañar la evolución tecnológica con la velocidad adecuada. Contar con más datos exige capacidad para analizarlos y convertirlos en decisiones que respondan a las necesidades del sistema.
Capacidad de sistema eléctrico para resistir perturbaciones
Uno de los puntos centrales de su exposición fue la necesidad de ampliar la mirada sobre la seguridad energética. A la concepción tradicional de confiabilidad debe incorporarse la resiliencia: la capacidad del sistema eléctrico para resistir perturbaciones, adaptarse a situaciones imprevistas y recuperarse con rapidez.
Esa preparación comprende tanto la respuesta ante eventos climáticos extremos como el aprovechamiento de distintas tecnologías para recuperar y estabilizar los sistemas de potencia. Cardozo mencionó máquinas rotantes, convertidores electrónicos con capacidad de contribuir a la formación de la red y herramientas digitales aplicadas a la gestión de la demanda y a los sistemas de protección y control.
La consecuencia para la planificación es concreta. Los registros históricos deben complementarse con escenarios futuros, análisis de riesgos y pruebas de estrés que ayuden a orientar las inversiones y el desarrollo de las redes. La resiliencia, planteó, debe diseñarse desde el origen del sistema, ponderando sus costos y beneficios, su integración con la sostenibilidad ambiental y la accesibilidad económica del servicio.
Nuevas formas de almacenamiento de energía
También propuso revisar la manera de incorporar nuevas soluciones, como el almacenamiento de energía, la generación distribuida y la inteligencia artificial. Su enfoque apunta a una regulación tecnológicamente neutral, que defina los servicios que necesita el sistema, los resultados esperados y las condiciones que deben cumplir quienes los presten.
Ese criterio supone un cambio respecto de marcos concebidos cuando la generación era esencialmente térmica o hidráulica y la electricidad circulaba bajo un paradigma de flujo unidireccional. En el escenario actual, la función que cumple una solución y su aporte al sistema deben orientar las reglas, independientemente de la tecnología utilizada.
“Sandboxes” regulatorios
Para acompañar esa evolución, Cardozo destacó la posibilidad de recurrir responsablemente a mecanismos de experimentación en entornos controlados, conocidos como sandboxes regulatorios. Estas herramientas permiten ensayar nuevas soluciones, cuando las condiciones lo hacen posible, y generar aprendizajes para la regulación.
La exposición también abordó el sentido de la función regulatoria. Cardozo distinguió entre regular y simplemente reglamentar o limitar: regular implica orientar una actividad hacia un objetivo de interés público, construido a partir de consensos sociales que cambian con el tiempo.
Para explicar esa tarea recurrió a la imagen de la mezcladora de una ducha, que combina caudales a distintas temperaturas hasta lograr una salida adecuada. En el sector eléctrico conviven intereses legítimos de productores, trabajadores, usuarios y generaciones futuras. El interés público requiere integrar esas perspectivas mediante diálogo, transparencia y confianza, y ajustar las decisiones a medida que evolucionan las demandas de la sociedad.
Equipos multidisciplinarios
Ese enfoque exige, a su vez, cambios dentro de los propios organismos. El presidente de URSEA propuso estructuras más flexibles y equipos multidisciplinarios organizados alrededor de problemas concretos o proyectos, capaces de abordar sus dimensiones técnicas, legales, económicas, sociales y comunicacionales.
Finalmente, destacó la necesidad de contar con observatorios y análisis de datos que permitan medir casi en tiempo real los efectos de las decisiones regulatorias, junto con una mayor cooperación entre países para compartir experiencias. La propuesta coloca al regulador ante una exigencia permanente: acompañar la transformación del sector y comprobar cómo sus decisiones repercuten en el servicio y en quienes lo utilizan.